Los programas de transferencias condicionadas (PTC), los cuales ofrecen a las familias efectivo condicionado en la asistencia escolar o en consultas de salud preventivas, se han expandido con rapidez en la última década, operando en la actualidad en más de treinta países alrededor del mundo. Existe evidencia sustancial que, al incrementar los incentivos para los padres y al ayudarles a compensar los costos de la escolarización, los PTC pueden incrementar significativamente la participación en la escuela a corto plazo. Existe también una extensa literatura que muestra los impactos sustanciales de los PTC sobre la reducción de la pobreza, resultados nutricionales y salud. En conjunto con la educación, estos impactos a corto plazo corresponden a los objetivos primarios de la mayoría de los programas PTC, incluyendo el programa estudiado en esta evaluación. Sin embargo, debido al alto costo de proveer las transferencias en efectivo a las familias, en comparación con otros programas que también buscan aumentar las tasas de matrícula escolar al corto plazo, los PTC pueden parecer relativamente costosos. Existe escasa evidencia hasta la fecha en relación a si los impactos educacionales a corto plazo se traducen en beneficios educacionales a largo plazo, como un mejor desempeño en pruebas estandarizadas. Una evaluación completa de tales impactos a largo plazo, además de las ganancias a corto plazo en distintos ámbitos, es importante para entender mejor los costos y beneficios de estos programas.
En el año 2000, el gobierno de Nicaragua puso en marcha un programa nacional de transferencias condicionadas llamado Red de Protección Social (RPS), el cual incentivaba a los padres a invertir en la salud y el bienestar de sus hijos. El programa duró seis años, alcanzando alrededor de treinta mil hogares rurales en situación de pobreza. Las transferencias de dinero, que fueron despachadas cada dos meses a una cuidadora designada en cada comunidad, se llevaron a cabo de dos formas. La primera fue una transferencia de “seguridad alimentaria”, la cual fue otorgada a todos los hogares del programa. La segunda transferencia fue de “asistencia a la escuela”, la cual se encontraba disponible sólo para los hogares con niños de entre siete y trece años de edad que aún no hubiesen terminado el cuarto grado de escolaridad, y estaba condicionada a la inscripción y asistencia escolar de los niños. Por cada niño subvencionado, la comunidad recibe además una transferencia anual de dinero al comienzo del año escolar, la cual está destinada a cubrir los costos de útiles escolares.
Entre los años 2009 y 2011 (nueve a once años después del inicio del programa en el grupo de tratamiento temprano), los investigadores condujeron una encuesta de seguimiento a largo plazo con 1.330 hogares en el grupo de tratamiento temprano, y 1.379 hogares en el grupo de tratamiento tardío. Los investigadores se enfocaron en la cohorte de niños que en el 2000 tenían entre nueve y once años de edad. Puesto que sólo los niños de entre siete y trece años fueron elegibles para las transferencias educativas durante el programa, los niños del grupo de tratamiento temprano que tenían entre nueve y once años de edad en el 2000, se beneficiaron más intensamente de las transferencias de educación que el mismo grupo de edad en el grupo de tratamiento tardío. Muchos de los niños en el grupo de tratamiento tardío hubiesen sido demasiado viejos para ser candidatos a las transferencias educativas para cuando las localidades de tratamiento tardío fueron integradas al programa. Además, para los niños, esta cohorte de edad abarca las edades donde el riesgo de deserción escolar, sin el programa, es más alta, aumentando aún más el potencial impacto del programa.
Impactos a corto plazo: Las estimaciones a corto plazo confirman investigaciones previas, indicando que hacia el año 2002 el programa llevó a un aumento de medio año en los años de escolaridad completados entre los estudiantes tratados, así como también un incremento de 13,5 puntos porcentuales en la tasa de matriculación, y una reducción de 3,7 días en el número de días de ausencia en la escuela en el último mes. Para el año 2004, la cohorte de niños entre nueve y once años de edad del grupo de tratamiento temprano seguía teniendo 0,62 años más de educación que la misma cohorte en el grupo de tratamiento tardío, pese al hecho de que no siguieron recibiendo beneficios del programa. Esto indica que, al menos para el año 2004, el programa había llevado a un aumento sostenido en el número de años de escolaridad completada para el grupo de tratamiento temprano.